Cita con…

Carlos López Otín

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad de Oviedo.

Premio Fundación Lilly de Investigación Biomédica Preclínica 2006.

Carlos López Otín es hoy el científico español más citado en el campo de la biología. Desde su laboratorio en la Universidad de Oviedo, se ha ganado a pulso un enorme prestigio mundial por sus investigaciones pioneras sobre las claves genéticas del cáncer y el envejecimiento. Este apasionado detective del ADN humano lamenta la falta de interés por la ciencia en la sociedad española, y apuesta por la educación como la única esperanza para un futuro mejor en el que el conocimiento tenga el peso que se merece en nuestro país.

Entrevistado por: Pablo Jáuregui

“La genética podría crear un Homo sapiens 2.0”

“En España hemos pasado de aproximadamente un 35% de casos de cáncer curados a un 55%”.

Pablo Jáuregui (PJ): ¿Cuáles han sido los mayores logros en estos tres lustros en tu campo de investigación?

CO: Carlos López Otín: Ha habido logros extraordinarios que resumiría diciendo que lo que nos parecía imposible hace 15 años, hoy es posible hacerlo en un laboratorio. Primero señalaría el desarrollo de estrategias muy rápidas, muy eficientes y relativamente económicas de desciframiento de genomas. Segundo, las estrategias de reprogramación celular, que nos han permitido violar algunos de los paradigmas de la Biología y viajar hasta un estado casi embrionario de las células y generar modelos de enfermedades. Y en tercer lugar, creo que el futuro anuncia la gran revolución de la edición genómica. Las estrategias basadas en la técnica CRISPR/Cas9, que permite corregir un defecto concreto en una célula que porta una mutación y cambiar un nucleótido o una base entre 3.000 millones de piezas. Probablemente eso contribuirá a mejorar la salud y en el futuro, quién sabe si a generar una nueva forma de nuestra especie, el Homo Sapiens 2.0.

PJ.– ¿Crees que la genética va a ser capaz de derrotar al cáncer?

CO: No sería tan contundente. Tampoco creo que vaya a haber nunca una cura universal contra todos los tumores. Pero en estos últimos años ha habido avances extraordinarios que hay que percibir como una lenta marea creciente. Hace 15 años no había terapias racionales o dirigidas para las alteraciones moleculares concretas de los distintos tumores. Hoy hay decenas de terapias específicas con fármacos selectivos frente a mutaciones concretas. Todo eso se traduce en algo muy importante: tumores que antes no se curaban, hoy se curan. Por ejemplo, en el campo de los tumores líquidos, algunas leucemias que antes eran inaccesibles –he visto amigos míos morir de leucemia mieloide crónica– hoy se hubieran curado completamente. En España hemos pasado de aproximadamente un 35% de casos de cáncer curados a un 55%.

PJ: Otro de tus grandes logros está relacionado con los problemas del envejecimiento prematuro, ¿podemos detener el envejecimiento?

CO: El envejecimiento es lo que a todos nos alcanza y lo que a todos nos iguala. Empezamos a trabajar en envejecimiento sin ninguna hipótesis concreta; porque nos encontramos con un ratón diseñado genéticamente que se desarrollaba perfectamente, pero que en tres meses recorría todo un ciclo de vida hasta envejecer y morir. Y a partir de ahí hemos llegado a descubrir las causas del envejecimiento prematuro, mutaciones que causan esta enfermedad en algunos niños, una enfermedad nueva: el síndrome de Néstor y Guillermo, dos chicos que acudieron a nuestro laboratorio en busca de salud y de conocimiento y me regalaron inspiración absoluta. Hemos desarrollado incluso tratamientos para alguna forma de progeria. Todo este cuerpo de conocimiento nos permitió identificar cuáles son las claves del envejecimiento.

PJ: Desde el punto de vista de la bioética, ¿debemos frenar el envejecimiento?

CO: Recogimos nuestras ideas científicas sobre el proceso del envejecimiento y las posibilidades de intervenir en un artículo que se tituló Las claves del envejecimiento (The Hallmarks of aging), publicado en Cell en 2013, y que sirvió como una especie de guía. ¿Y a dónde nos puede llevar todo esto? Sin duda, no nos va a conducir a la inmortalidad, ni debería, ni nunca le he visto ningún interés a esta idea. Me sorprende, además, que se minimiza mucho la complejidad de un organismo.

PJ: Si todo depende de genética, ¿cuál es tu visión de las posibles sombras a las que nos podría llevar?

CO: El progreso científico va muy por delante del progreso ético y del progreso social. En un laboratorio, incluso en el nuestro de la Universidad de Oviedo, pasan cosas asombrosas. De esto tiene que enterarse la sociedad y tomar las decisiones oportunas porque si no, otros las tomarán por nosotros. Por otro lado, aunque dedico mi vida al estudio de los genomas, no soy determinista genético. Recibimos un genoma de nuestros progenitores y es como una brújula genómica que nos orienta. Pero desde el primer instante de vida empezamos a modificar los otros lenguajes que portamos en el organismo: el epigenético y el metagenético, que son dos dimensiones complejas, variables, que influyen decisivamente en la salud y en la enfermedad. Tenemos mucho margen para ser un poco libres. Si logramos que la población sea más educada científicamente, sanitariamente, culturalmente, viviremos más y mejor, sin necesidad de introducir grandes aventuras de clonación y de manipulación genética.

PJ: En los últimos años, la ciencia en España ha sufrido durísimos recortes. ¿Qué diagnóstico hace de esta enfermedad?

CO: En mi vida el optimismo suele estar siempre presente, pero en este terreno he empezado a dudar. Tuve la inmensa fortuna de poder dirigir mi primer laboratorio en la Universidad de Oviedo cuando era muy joven. Y, sin embargo, ahora a esa edad es prácticamente imposible tener acceso a dirigir un laboratorio. ¿Qué ha pasado? Supongo que es la crisis, que todo lo arrastró. Pero la culpa no es solo de los políticos. En los centros de responsabilidad hay personas muy inteligentes y muy preparadas, pero creo que la sociedad española en su conjunto no es una sociedad aficionada a la ciencia ni a la cultura. Tiene otras prioridades y hay que reconocerlo, porque lo comprobamos todos.

 PJ.– ¿Y qué podemos hacer para convencer a la sociedad de que la ciencia es riqueza?

CO.– La educación es la clave de todo. Educar desde las edades más tempranas con sistemas innovadores de enseñanza, que permitan generar un conocimiento amplio. Ese conocimiento global desde una edad temprana nos hará mejores en todas las dimensiones, construirá una sociedad más justa, más equilibrada y, sin duda, más rica económicamente, aunque yo prefiera los valores de riqueza social.

 PJ- Como científico ¿cuál sería el hallazgo de tus sueños?

CO: Personalmente no creo, ni lo he pensado nunca, que haya un hallazgo que vaya a cambiar nada mi vida, ni creo que lo encuentre nunca. Acudo cada mañana a abrir el laboratorio con la sensación de que va a ser un gran día. Hoy va a ser un día especial. Pero no por ese grandísimo descubrimiento, sino porque aunque sea pequeño va a permitirnos la emoción de descubrir algo que se va a sumar a lo que ha descubierto otro y así vamos a crecer. Sí tengo grandes esperanzas en que la sociedad del futuro sea más culta y más preparada. En nuestro ámbito, el estudio de las claves de la vida y de la enfermedad, es fundamental que todo el mundo entienda de qué estamos hablando, cuáles son los avances y cuáles las fronteras y las limitaciones que hoy tiene la ciencia, y que las va a tener siempre. Eso bien explicado conducirá a una sociedad más culta. Ese sí que es un sueño.

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