Cita con…

César Nombela

Catedrático de Microbiología / Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP)

Miembro del Patronato de la Fundación Lilly

César Nombela es un hombre serio pero cercano en el trato. Catedrático en microbiología, lleva toda su carrera compaginando su trabajo como investigador con la gestión de organismos científicos, como el CSIC y, en la actualidad, la Universidad Menéndez Pelayo. Para él, “la ciencia es ese gran instrumento que nos seguirá abriendo caminos, pero planteando también nuevas preguntas”.

Entrevistado por: Verónica Fuentes

“La ciencia debe estar al servicio del ser humano y de la promoción de su dignidad”

“La ciencia es ese gran instrumento que nos seguirá abriendo caminos, pero planteando también nuevas preguntas”

Verónica Fuentes (VF): La microbiología ha evolucionado muchísimo desde que empezaste a ejercer. ¿Cómo ha avanzado la disciplina en estos 15 años de la Fundación Lilly?

César Nombela (CN): Hace tres lustros la microbiología ya estaba colocada en el centro de los estudios de ciencias de la vida. En la disciplina se introdujeron de forma pionera las técnicas de escala, es decir, la capacidad de conocer los genomas globalmente. Si hace poco más de 15 años se desvelaba que teníamos el primer borrador del genoma humano, ya entonces había cientos de genomas microbianos secuenciados que sirvieron para llegar a ese punto. Ahora mismo conocemos miles y miles de genomas de microbios, y ya no solo de cada especie individualmente, sino como conjuntos de especies en lo que se llama microbioma. Ésta es la gran revolución.

VF: Si todo nuestro cuerpo está cubierto y lleno de bacterias, ¿seremos capaces de modificarlas para mejorar la salud?

CN: Como dijo Louis Pasteur en el siglo XIX: “Los microbios tienen la última palabra”. Podría parecer pretencioso, pero es que efectivamente no podemos vivir sin ellos; su conocimiento y su relación con el ser humano nos lleva a una compresión más profunda de las patologías que afectan a nuestra especie. Prácticamente estamos empezando a intervenir en lo que es el microbioma y queda mucho territorio por recorrer. Por ejemplo, cada vez se introducen más lo que se llaman probióticos, es decir, determinados microorganismos que mejoran la situación de nuestra microbiota. Tanto es así que muy probablemente dentro de poco ya no habrá un tratamiento de antibióticos sin ellos. Porque los antibióticos han sido fundamentales para la salud, sin embargo, alteran mucho dicha microbiota.

VF: Se ha relacionado el aumento de las enfermedades infecciosas con el cambio climático. ¿Nos estamos tomando en serio las implicaciones de este fenómeno en la salud?

CN: Ciertamente el cambio global que experimenta la Tierra es algo real, si bien la interpretación científica y la forma de combatirlo pueden estar en discusión. Desde hace muchos años nos enfrentamos con patógenos emergentes, esto no es nuevo. Afortunadamente ahora podemos no solo hacer predicciones, sino reaccionar con mucha más rapidez. En poco tiempo está secuenciado el agente causante y establecidos los procesos diagnósticos. Aunque ya desarrollar vacunas nos cuesta un poco más, en el caso del ébola se vio cómo en un tiempo verdaderamente récord había algunos prototipos útiles que podían servir para la prevención.

VF: Has estado muy ligado siempre a diversos comités de bioética durante tu carrera. De todos los temas que has tratado, ¿cuál ha sido más complejo y por qué?

CN: La bioética no debe ser un conjunto de prohibiciones. Significa también un seguimiento de los valores, como puede ser que la ciencia esté al servicio del ser humano y de la promoción de su dignidad. La bioética se ha convertido en un terreno de reflexión apasionante en el que los científicos debemos tener la primera palabra. Ya no se debate solo de cuestiones básicas de la vida, sino también de otras no resueltas como la experimentación con seres humanos, imprescindible para poner en disposición medicamentos eficaces. Porque no podemos llevarlo a cabo de cualquier forma y, sin embargo, tenemos que hacerlo.

VF: Has compaginado la labor académica con la gestión de organismos públicos como el CSIC o la Universidad Menéndez Pelayo. ¿Qué frente le ha dado más satisfacciones?

CN: Yo soy un científico, eso es lo que quise ser siempre y lo que conseguí en una etapa temprana de mi vida profesional. Desde los 35 años soy catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y he podido transmitir lo que he aprendido de la ciencia a generaciones de estudiantes y profesionales. En algún momento tuve oportunidad de actuar en la gestión y acepté. La presidencia del CSIC supuso cuatro años de mi vida muy importantes. Más recientemente, la Universidad Menéndez Pelayo, que representa un compendio de universidad total porque colaboran con nosotros profesionales de diversos ámbitos, es algo que también me ha atraído.

VF: ¿Cómo valoras la política científica que se hace hoy en día en España?

CN: Desde 1980 hasta 2007 España tuvo el primer gran despegue. Produjo mucha más ciencia, multiplicó por tres su aportación mundial y tuvo más impacto. Desde entonces, estamos necesitados de ese segundo despegue que no acaba de llegar, que requiere más calidad, más impacto y más aplicación. Insatisfechos estamos todos y quedamos a la espera de ese segundo despegue. No creo que podamos permitirnos mucho más tiempo sin acometerlo, gobierne quien gobierne. Esto es una cuestión de interés general y de competitividad mundial del país.

VF: Por último, si le diera lápiz y papel, ¿cómo sería el retrato que harías de los próximos 15 años de la ciencia en nuestro país?

CN: Sería un territorio para seguir profundizando en el conocimiento de la realidad y para que el hombre siga ampliando sus preguntas. En su propia entraña está el reflexionar lo que de verdad es trascendente para la vida humana. La ciencia es ese gran instrumento que nos seguirá abriendo caminos, pero planteando también nuevas preguntas.

VF: ¿Un dibujo bonito, entonces?

CN: Para mí, sí. El vivir como un ser humano es una gran aventura porque podemos conocer, reflexionar, profundizar, seguir preguntándonos y abarcar con nuestra imaginación mucho más allá de lo que es la propia realidad material que manejamos.

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