Cita con…

Cristina Garmendia

Presidenta de COTEC

Ministra de Ciencia e Innovación (2008-2011)

Nacida en San Sebastián, en una familia de emprendedores y empresarios, Cristina Garmendia decidió estudiar Genética en la Universidad de Sevilla, con gran sorpresa para sus padres. Luego se trasladó a Madrid para hacer el doctorado con Margarita Salas. Animada por la calidad de la ciencia del Centro Nacional de Biotecnología, y la gran financiación que recibía, se preguntó si de ahí no podría surgir una empresa. Así fue como “los derroteros de la vida” la devolvieron al mundo empresarial del que había salido para unir su vocación y tradición familiar haciendo biología desde el ámbito de la empresa.

Entrevistada por: Pilar Quijada

“Los jóvenes científicos deben perseguir su sueño con talento y devoción”

“No hay otro país que lo haya hecho tan bien en tan poco tiempo. En 2008, el impacto del sector de la biotecnología en España era del 2,75 % del PIB. En 2014, en plena crisis, del 9%. Pocos sectores han triplicado su impacto en el PIB en ese tiempo”.

Pilar Quijada (PQ): Tuviste claro que la ciencia es el motor de la economía…

Cristina Garmedia (CG): Una oportunidad fueron los grupos de investigación muy potentes, como el Centro Nacional de Biotecnología, que recibía de una farmacéutica una financiación histórica en España: 600 millones de las antiguas pesetas al año. Y el planteamiento fue, ¿de esta ciencia no puede desarrollarse una empresa? Así surge Genetrix, con el objetivo de traducir ese potencial científico a la gran industria farmacéutica. Había otra dificultad cuando la empresa empieza a ir muy bien y a necesitar dinero para llegar a interesar a las farmacéuticas. En nuestro país el capital riesgo no existía. Por eso entro en Ysios, porque hacía falta un fondo para la financiación.

PQ: ¿Podríamos sacarle más partido a la biotecnología?

CG: No hay otro país que lo haya hecho tan bien en tan poco tiempo. En 2008, el impacto del sector de la biotecnología en España era del 2,75 % del PIB. En 2014, en plena crisis, del 9%. Pocos sectores han triplicado su impacto en el PIB en ese tiempo. Por número de empresas, en biotecnología estaremos entre el tercer y cuarto lugar en el mundo. Son muy pequeñas, pero bien fundamentadas, porque la ciencia en España tiene mucha calidad. Ocupamos la décima posición a nivel mundial. Podemos ser de los mejores en este sector, que es muy transversal y tiene aplicaciones en biomedicina, energía, medio ambiente y alimentación.

PQ: ¿Qué avances destacarías?

CG: En biomedicina, España es una de las potencias mundiales. Tenemos algunos de los mejores centros del mudo: Severo Ochoa, el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, el de Investigaciones Cardiovasculares, el Centro de Biología Molecular, el de Regulación Genómica, el Instituto de la Reserca Biomédica de Barcelona. Faltaba el pulmón para las iniciativas empresariales que salen de este pequeño ecosistema. Y en este ámbito del capital riesgo, en el que Ysios fue pionero en 2008, hay tres o cuatro fondos operando. Las mayores operaciones que ha habido en la historia de Europa se están cerrando en España. Y darán sus frutos de forma exponencial.

PQ: En 2008 te nombran ministra de Ciencia y Tecnología. ¿Cómo llegas ahí?

CG: En 2004 se creó un consejo asesor del plan Ingenio 2010 sobre ciencia e innovación. Yo participé como experta en biotecnología porque era la presidenta de la patronal del sector. Era muy gratificante que las propuestas que lanzábamos se materializaran en planes. Y cuando llevas unos años diciendo lo que el Go bierno debería hacer, como pasa a veces en las películas, te proponen ponerte al frente de una competencia como Ciencia e Innovación. No se puede decir que no cuando tu país te llama, y acepté con muchísima honra.

PQ: ¿Qué importancia tuvo tu experiencia en la “cocina” de la ciencia y liderando empresas de biotecnología?

CG: La de entender muy bien la competencia del Ministerio de Ciencia e Innovación, un campo en el que yo llevaba trabajando casi tres décadas desde la universidad, la investigación, la docencia o lanzando y financiando compañías. Pero no tenía experiencia política y tampoco del sector público. Fue una oportunidad y un gran reto, que se soluciona teniendo claro que la clave son los equipos. Y tuve la absoluta libertad de nombrar al mío.

PQ: La nueva Ley de ciencia salió casi por consenso…

CG: En 2011, en una legislatura en minoría, fue complicado lanzar iniciativas legislativas. La ley de Ciencia anterior era de 1986. Dio grandes frutos y fue muy exitosa en posicionamiento como país en ciencia, pero había que adecuarla a una realidad bien distinta en 2011, donde las Comunidades tenían competencias propias. Y hubo que poner la innovación en paridad con la ciencia, desarrollar instrumentos y hacer grandes cambios. El primer objetivo fue el consenso, antes que el contenido, porque sin él no se puede lograr una iniciativa que perdure. Y esto se trabaja con compromiso, mucha lealtad a los pactos y mucho esfuerzo.

PQ: ¿Cuáles son los puntos fuertes de la ley?

CG: Está diseñada para que el potencial científico impacte en el económico. Y es uno de los grandes avances, con diferentes instrumentos que todavía no se han desplegado totalmente, pero están planteados. Y otro fue transformar el sistema de becas en contratos, que ha introducido cierta estabilidad en el personal científico joven. Y por supuesto la Agencia Estatal de Investigación, para desvincular de los ciclos económicos la financiación, planificación y ejecución presupuestaria de la ciencia.

PQ: ¿Qué sentías cuando había que recortar presupuestos a la investigación?

CG: Lo más difícil que he hecho en mi vida profesional fue la defensa del presupuesto de 2011. Fue el ajuste mayor de toda la legislatura, con una media del 25%. Esto colapsaba el sistema de ciencia e innovación. Al final este Ministerio quedó fuera del ajuste. Eso es hacer una política distinta. El de 2011 fue un 0,77 inferior al del año 2010. Pelearlo fue muy difícil y duro.

PQ: ¿Qué dirías a los jóvenes investigadores?

CG: Que persigan su sueño con talento y devoción. Nunca ha sido fácil. En mi época ser científico significaba hacer la tesis e irte fuera. Y era dificilísimo volver. Hoy esto es posible. España atrae talento. Hemos pasado un bache, pero es atractiva por sus centros, que son pocos pero muy buenos. Para avanzar en un sistema científico hacen falta sólo talento y esfuerzo. Y ni el talento ni el esfuerzo entienden de nacionalidades.

PQ: El libro blanco de las mujeres en ciencia se puso en marcha en tu legislatura. ¿Hay aún un techo de cristal?

CG: No tener a la mitad del talento en las mejores posiciones es una ineficiencia económica. En España el problema es cultural. Yo no he tenido dificultades. Primero, me tocó la lotería familiar, con un padre nacido en 1915 que me decía: “para ser feliz tienes que ser libre, y para eso debes tener la mejor educación y no depender de nadie, ni de mí, ni de tu marido”. Y, luego, algo que depende de ti: no te puedes equivocar de marido. Si tu pareja no va a asumir las mismas funciones que tú, estás diseñando el problema en tu decisión. Hay que tener claro que juegas un papel en igualdad de oportunidades en la pareja. Y como tercer punto, hay que trabajar la cultura. No creo que haya animadversión a las mujeres. Pero he participado en algún foro donde de 20 personas era yo la única mujer. Esto no es presentable. Aquí entran las cuotas. No soy partidaria de la discriminación positiva, pero no nos va a quedar más remedio al paso que vamos.

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