Cita con…

Federico Mayor Menéndez

Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid

Presidente de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular

Vocal del Consejo Científico Asesor de la Fundación Lilly

El ambiente propiciado por su padre, catedrático de bioquímica, hizo que Federico creciera en presencia de científicos, incluido algún Nobel, como Hans Krebs, del que aprendió que en investigación hay que ver lo que los demás han visto y pensar lo que nadie ha pensado. Ese caldo de cultivo le llevó a la bioquímica. Hizo su estancia postdoctoral con Robert Lefkowitz, Nobel de Química en 2012 por descubrir el importante papel de los receptores acoplados a proteínas G, un sistema de señalización celular de gran relevancia.

Entrevistado por: Pilar Quijada

“Los grandes inventos han surgido siempre de la curiosidad”

“Lo difícil es hacer docencia, investigación, divulgación, traslación del conocimiento y dirigir una sociedad científica a la vez”.

Pilar Quijada (PQ): Tu trabajo se centra en los receptores acoplados a proteínas G. ¿Cuál es su importancia?

Federico Mayor (FM): Nuestro campo, en general, es la señalización celular, cómo se comunican las células entre sí para responder a cambios del entorno. Estamos compuestos de billones de células que actúan coordinadamente respondiendo a estímulos generados por sus vecinas. Unas secretan sustancias que son percibidas por las otras para moverse, crecer, dividirse, morir… Entre los mecanismos más exitosos de señalización están los receptores acoplados a las proteínas G, que son interruptores moleculares que generan señales. Esta investigación básica ha tenido un impacto extraordinario, porque estos receptores son la diana de gran cantidad de medicamentos.

PQ: Decía Ortega que la ciencia está con continuo cambio…

FM: Sí. Siempre digo a mis alumnos que voy a transmitirles lo que creemos entender, de acuerdo con los paradigmas y capacidades metodológicas actuales, para que puedan romper esos paradigmas y diseñen otros nuevos. Una de las cosas más atractivas de la ciencia es estar siempre en la duda, sin dar nada por seguro.

PQ: ¿En biología molecular han caído muchos dogmas?

FM: El dogma por excelencia era que el ADN transmitía información al ARN, este a las proteínas, y éstas hacían las funciones vitales. Pero es mucho más complejo: virus RNA, microRNAs, RNA no codificantes, epigenética… Un mundo completamente nuevo.

PQ: Si mirásemos 15 años atrás, ¿qué avances destacarías?

FM: La secuenciación del genoma y todas las técnicas derivadas que permiten la detección de fragmentos de ADN con extraordinaria precisión y sensibilidad. El descubrimiento de la complejidad del epigenoma y del microbioma. Darse cuenta que las células secretan sustancias de enorme variedad para modificar el comportamiento de otras células vecinas. Esto es importante para entender las alteraciones que se dan en tumores, diabetes o enfermedad cardiovascular. Paradójicamente, uno de los grandes avances ha sido darse cuenta de la complejidad y dificultad de los procesos biológicos. Aunque es cierto que la edición de genes, los modelos de enfermedad utilizando ratones transgénicos y knockout, o técnicas de imagen como la microscopia confocal, han abierto vías revolucionarias.

PQ: ¿Y qué avances cabe esperar?

FM: La capacidad de diagnóstico, y tal vez de pronóstico, en enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer. Quizá podamos identificar biomarcadores seguir su evolución y modificar su curso. En los tumores, técnicas que permitan detectar células metastásicas que viajan por la sangre. Y luego entender cómo interaccionamos con nuestro microbioma; o cómo los nutrientes, aparte de su función metabólica, tienen otra señalizadora a través de receptores de membrana.

PQ: Dirigiste el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y ahora presides la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular. ¿Es más difícil investigar o dirigir?

FM: Lo difícil es hacerlo todo a la vez: docencia, investigación, divulgación, si se puede traslación del conocimiento, y dirigir una sociedad científica. Es complicado, pero se acepta con vocación de servicio y gusto, porque te lo piden tus compañeros. La SEBBM, con casi 4.000 asociados, es la sociedad científica no médica más numerosa del país, con miembros de gran prestigio y muchos jóvenes. Sus objetivos: favorecer la investigación y docencia de calidad, ayudar a la formación y desarrollo de jóvenes científicos, e informar a los ciudadanos de lo que hacemos, para que consideren la ciencia una de las prioridades que deben apoyar.

PQ: ¿Nuestras universidades pierden calidad?

FM: No tenemos malas universidades, pero hay que mejorar los mecanismos de gobernanza y hacerlas más diversas. No todas tendrían que ofrecer todas las disciplinas. También deberíamos ser más exigentes en los criterios de calidad. No entiendo una universidad sin investigación, al menos en determinadas áreas como la biomédica.

PQ: La investigación pasa momentos difíciles…

FM: Investigación, educación y sanidad son la base de la sociedad. Y su impulso es fundamental en la regeneración y cambio social que a tantos niveles estamos necesitando. En los últimos 15 años hemos progresado y tenemos buenos grupos de investigación. Si tenemos un razonable sistema sanitario y de universidades, ¿por qué no podemos ser también mejores en investigación? Para eso necesitamos un sistema de financiación estable; mecanismos de gobernanza de los centros de investigación y las universidades más ágiles; y atraer talento, que los jóvenes quieran hacer sus carreras aquí, con probabilidades razonables de que si se esfuerzan pueden tener una profesión que no exija heroicidades.

PQ: En los países angloparlantes la ciencia ha calado más hondo que en los hispanohablantes…

FM: Es cierto. Por eso hay que hacer un esfuerzo por favorecer programas de cultura científica y que los ciudadanos se den cuenta del papel potencial de la ciencia.

PQ: ¿Puede haber investigación aplicada sin investigación básica?

FM: El Nobel Aaron Klug dice que no se puede planificar lo inesperado. Los grandes inventos han surgido siempre de la curiosidad. Por ejemplo, los nuevos sistemas de edición génica han nacido en oscuros sistemas bacterianos, sin nada que ver con sus aplicaciones actuales. Por eso hay que propiciar que buenos científicos hagan preguntas relevantes en el ámbito de una investigación de calidad. Aparte, se pueden construir programas basados en la colaboración de grupos ya establecidos, con objetivos más cercanos en el ámbito de diversas patologías, para que los conocimientos básicos tengan aplicación tangible. Pero sin descuidar que al menos un porcentaje de los científicos puedan responder a preguntas basadas sólo en la curiosidad, buscando lo inesperado.

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