Cita con…

Fernando Baquero

Doctor en Medicina, Profesor de Investigación y Director del Grupo Temático de Biología y Evolución de Microorganismos.

Ex-Director Científico del Instituto Ramón y Cajal de Investigación Sanitaria del Hospital Ramón y Cajal (IRYCIS) del Hospital Ramón y Cajal de Madrid y Director de Grupo CIBERESP.

Miembro del Consejo Científico Asesor de la Fundación Lilly y del Consejo de la Lección Magistral “Andrés Laguna”.

Fernando Baquero lleva toda su vida combatiendo los microbios. Sin embargo, participa en su lucha con un gran respeto por estos adversarios. “Tengo una enorme admiración por los microbios. De hecho tengo una especie de visión ambivalente de amor y odio hacia ellos”, apunta. “Odio puesto que al fin al cabo soy médico y debo combatir todo aquello que daña a las personas, pero también una infinita admiración por ese mundo y su capacidad de adaptación; tengo la absoluta seguridad de que siempre prevalecerán”, concluye.

El investigador es además un apasionado humanista que ve la explicación científica como el argumento de una novela. “El Arte es esencial para el pensamiento científico. Si uno está acostumbrado a interpretar una serie ordenada de sonidos o de palabras o de colores y es capaz de reconocer historias en esos grupos de cosas y apreciarlo, entonces estará bien dotado para comprender la ciencia”, afirma.

Entrevistado por: Daniel Mediavilla

“El gran microbio que afecta a la humanidad y pone en peligro nuestra existencia es la estupidez”

“El equilibrio de la naturaleza se debe a los microbios y deberíamos incluso protegerlos para asegurar nuestra supervivencia”.

Daniel Mediavilla (DM): ¿Cómo ha cambiado la microbiología desde que empezaste a estudiar para entender estos organismos?

Fernando Baquero (FB): Se pensaba que con el progreso de la ciencia en pocos años la ciencia iba a acabar con los microbios. Y no ha sido así. Han sido capaz de adaptarse a la presión de la invención humana de los antibióticos, de las vacunas… no sólo han respondido, nos han reinvadido por decirlo así, a causa del envejecimiento de la población, de las complejas técnicas asociadas a la hospitalización de los enfermos graves o de los progresos de la medicina que permite la supervivencia de enfermos muy sensibles a las bacterias en situaciones críticas. Por no mencionar la capacidad microbiana para agredir a poblaciones debilitadas por la miseria y el hambre.

DM: ¿Hay algún enfoque actual que te parezca especialmente interesante en nuestra forma de combatir o incluso de buscar un entendimiento con estos microbios para que no nos hagan tanto daño?

FB: No solamente hay microbios fuera de nosotros sino también dentro. Nuestro cuerpo contiene más células que son microbios que células nuestras. La interacción con los microbios es absolutamente cotidiana, constante, y realmente consustancial e integrada con la biología del ser humano. Hay que recordar que todo el equilibrio de la naturaleza se debe a los microbios y deberíamos incluso protegerlos para asegurar nuestra supervivencia.

DM: Las bacterias también han desempeñado un papel muy importante en la evolución de la Tierra…

FB: Los microbios han ejercido y ejercen una fuerza medioambiental extraordinariamente importante, quizá la más importante de todas. Aparecen frecuentemente en la prensa artículos sobre el Amazonia y sobre la necesidad de no hacer carreteras allí porque se talarían árboles y con ello se influiría en la generación de oxígeno o la captación de CO2. Pero hay inmensas amazonias invisibles de bacterias que producen efectos superiores a la Amazonia visible, y no las consideramos.

DM: También has colaborado con el Centro de Astrobiología (INTA/CSIC). Por lo que conoces de los microbios, ¿te sorprendería que pudiesen encontrarse incluso dentro de nuestro Sistema Solar?

FB: La sensación que tenemos los biólogos en general es que la vida es una consecuencia necesaria de la evolución química. Creemos que si hay un número suficiente de moléculas más o menos complejas, su interacción necesariamente va a llevar a la larga a un sistema parecido al de la vida. Cómo se hará y si será una vida igual estructuralmente a la que tenemos en la Tierra es difícil de decir, pero mi predicción es que probablemente no será muy diferente, ya que muchas de las piezas del puzzle de la vida serán muy parecidas, y también sus superficies de reconocimiento. Esto es, el tipo de moléculas y de asociaciones moleculares que se producen en el universo son probablemente constantes y naturaleza similar en cualquier sitio.

DM: La investigación española, si se compara con algunos países de nuestro entorno, siempre ha tenido un cierto complejo, pero en los últimos años ha cambiado. ¿Cómo ves esa situación de la investigación española?

FB: Con pocos medios hemos logrado resultados excelentes, pero las bacterias me han enseñado que la inteligencia está sobre todo en la cantidad, no tanto en la calidad. Las bacterias son tantas que resuelven todos los problemas. Si multiplicásemos el número de científicos en España, aumentaríamos de una forma exponencial nuestra capacidad de producir ciencia. De todas formas, estamos entre los primeros diez o doce países del mundo, y tenemos un gran respeto internacional. Esto no es un desastre, como acostumbramos a decir.

DM: En ciertas ocasiones, la gente cuando tiene problemas de salud que la ciencia no puede resolver, trata de encontrar métodos alternativos ¿Cómo ves desde la medicina este tipo de soluciones?

FB: El gran microorganismo que afecta a la humanidad y que puede poner en peligro nuestra propia existencia es la estupidez. La estupidez es universal, contagiosa y degradante. Curiosamente, el salirse de la razón, le da a uno la sensación de poseer la verdad. El que está en la razón nunca está del todo seguro de la verdad, mientras que el que se sale de la razón está convencido de que lo que piensa es cierto. La medicina, la ciencia, es razón, es proporción, es investigación, es experimentación. Es no decir más de lo que podemos decir. Podemos dar soluciones, pero unas soluciones limitadas y razonables. Si uno quiere estar seguro de que se curará con algo “exterior a la ciencia”, tiene que salirse de la razón, es decir, tiene que entrar en el campo de la estupidez y en este campo todo puede ser explicado, justificado y cada uno cree tener una razón absoluta.

DM: ¿Qué tendencia en el ámbito de la ciencia le parece interesante para las próximas décadas?

FB: El análisis de la realidad y la acumulación de datos nos ha llevado a la convicción de que las cosas son extremadamente complejas y esa complejidad nos ha arrebatado de alguna manera la capacidad de actuar. Tenemos que recuperar esa capacidad, haciendo síntesis que permitan resolver esa complejidad en grupos significativos de elementos que seamos capaces de comprender. Creo que hay una especie de tendencia en el futuro hacia una ciencia más integrativa e universal que sea capaz de fertilizar los hallazgos de distintas ciencias para constituir un conocimiento integrado, más preciso y más comprensible.

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