Cita con…

Francisco José Ayala

Profesor de la Facultad de Biología de la Universidad de California (Irvine).

Maestro de la Lección Magistral “Andrés Laguna” 2016

Es curioso que de un investigador de la talla de Francisco José Ayala (Madrid, 1934), biólogo español nacionalizado estadounidense y especializado en genética y evolución de las especies, impresione aún más su amabilidad y sentido del humor que sus numerosos logros. Científico incansable, continúa dando clases en la universidad, escribiendo libros y recogiendo premios. Y avisa: con 82 años, no piensa parar.

Entrevistada por: Verónica Fuentes

“A lo largo de la historia, los teólogos se han dado cuenta de que la Biblia no es un libro científico”

“La ciencia es como una isla. El conocimiento es lo que está en la isla y el océano inmenso es todo lo que no sabemos”.

Verónica Fuentes (VF): Empezaste estudiando Teología y Física en España, pero un día te marchaste a EE UU a estudiar genética y evolución. ¿La biología se cruzó por el camino?

Francisco Ayala (FA): De hecho, primero estudié Física y Filosofía. Después, unos años de Teología en la Universidad de Salamanca, pero durante este tiempo trabajaba también como aficionado –sin estar matriculado– en un laboratorio de genética. Y cuando terminé, mi interés en la evolución biológica me llevó a solicitar la admisión en la Universidad de Columbia (Nueva York, EE UU). Allí ejercía un genético de origen ruso muy famoso, Theodosius Dobzhansky, al que muchos consideran el fundador de la teoría moderna de la evolución.

VF: Y de ahí, pasó a ser un experto en biología evolutiva en un país donde este tema resulta controvertido. ¿El creacionismo continúa siendo una teoría tan fuertemente asentada?

FA: Sí, porque hay mucha ignorancia. El creacionismo viene de gente sin mucha educación. Personas cristianas que creen que tienen que aceptar la Biblia literalmente. Y por eso rechazan la evolución. No saben que, a lo largo de la historia de la iglesia, los teólogos se han dado cuenta de que no se trata de un libro científico. Y de que, por lo tanto, no se puede interpretar como si lo fuera.

VF: Han pasado más de 150 años de la publicación de El origen de las especies, ¿quedan preguntas por responder en torno a la evolución?

FA: Hay más preguntas ahora que las que tenía Darwin. La ciencia es como una isla. El conocimiento es lo que está en la isla y el océano inmenso es todo lo que no sabemos. El contacto entre la ciencia y lo que no sabemos se encuentra en las orillas de la isla. A medida que la ciencia avanza, la isla se hace más grande y las áreas de contacto son mayores todavía, hay más preguntas que hacer.

VF: Con 82 años, has escrito más de 1.000 artículos y continúas plenamente en activo. ¿Se deja alguna vez de ser científico?

FA: Si uno quiere dejar de ser investigador, dejará de serlo. Yo no tengo planes para ello. En EE UU, desde finales de los 80, te puedes jubilar voluntariamente o por incapacidad, pero no se puede discriminar por edad, raza o sexo. Así, a los que nos gusta la investigación y la enseñanza seguimos en ello.

VF: En uno de tus últimos libros te hacías preguntas universales ya desde el título: ¿De dónde vengo? ¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Puede dar la Ciencia respuestas a la Filosofía?

FA: Claro, la teoría de la evolución nos da a entender de dónde venimos. De dónde viene nuestra especie y cómo se originaron otras que no eran humanas. También cómo los genes de nuestros padres nos están afectando como individuos. Conforme comprendemos de dónde venimos, hallamos también, en parte, lo que somos. El futuro es una cuestión diferente. En parte se relaciona con lo que decíamos antes de corregir enfermedades, pero la evolución de los organismos continuará por miles y miles de años, incluyendo la de los humanos. A dónde lleguemos, no lo sabemos…

VF: Te encuentras en España por una pequeña temporada. ¿Cómo valoras la situación actual de la ciencia desde tu punto de vista más americano?

FA: La ciencia en España estaba en una condición miserable cuando salí de España en 1961, y siguió en una situación deplorable hasta los años 70. Poco después de la muerte de Franco y, sobre todo, cuando gobernó por primera vez el partido socialista, se empezó a invertir más en ciencia. Esto llevó a una expansión de la ciencia española enorme. Pero, aunque los socialistas de entonces decían que iban a llegar hasta el 2% del PIB, nunca fue así. De los países avanzados somos casi el más bajo de todos. España tiene además otras limitaciones legislativas y estructurales que interfieren con su crecimiento. Esto supone un desangre. Muchos científicos españoles jóvenes, de los mejores, se van al extranjero y se quedan allí.

VF: ¿Nunca te has planteado volver a España?

FA: La vida académica en EE UU para mí fue muy fácil. Y esto es otra contraposición con la situación en España. Nunca he hecho oposiciones, ni he solicitado la admisión. Siempre me han ofrecido puestos. Eso no pasa en España. Aquí nunca me ofrecieron nada concreto. Si se hubiera concretado algo, lo hubiera considerado. Aunque no sé si hubiera vuelto porque el ambiente científico es mucho más favorable allí.

VF: Se le han otorgado numerosos premios y condecoraciones, pero, ¿le queda alguno en el tintero que le haría especial ilusión?

FA: Podría mencionar el Premio Nobel, pero no hay de Biología. Cuando se inventaron estos galardones, muy al principio del siglo XX, la disciplina era muy incipiente. Pero estaría bien. A todos nos gustan los premios. Solo en este viaje voy a recibir dos o tres medallas, además de un doctorado Honoris Causa. Es lícito pensar que le pueden dar más premios, igual que si uno colecciona joyas y le siguen dando más. No hay razón para no desear que le regalen más joyas. Pero a mí me han dado suficientes.

VF: Igualmente, nos apuntamos el Nobel de Biología, por si acaso. Muchas gracias Francisco por este rato, ha sido un verdadero placer.

FA: Muchas gracias Verónica, el placer ha sido mío también.

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