Cita con…

José Manuel Sánchez Ron

José Manuel Sánchez Ron es sin lugar a dudas el historiador de la ciencia más prestigioso de nuestro país. Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Física por la Universidad de Londres, en la actualidad es catedrático de Historia de la Ciencia en la Autónoma de Madrid y miembro de la Real Academia Española; recientemente obtuvo el Premio Nacional de Ensayo 2015 por su libro, El mundo después de la revolución. La física de la segunda mitad del siglo XX.

Convencido como historiador de que “cualquier tiempo pasado fue peor”, mira al futuro con optimismo, con la esperanza de que la Humanidad seguirá beneficiándose del conocimiento científico, en su opinión “lo mejor que nos ha dado la naturaleza” para progresar.Lo que lamenta, sin embargo, es que España siga muy lejos de los puestos de liderazgo en la comunidad científica internacional.

Entrevistado por: Pablo Jáuregui

“Con más ´Cajales´, el español se habría defendido mejor en la Ciencia”

“La distancia relativa que nos separa de las naciones punteras líderes en avance científico y tecnológico no ha disminuido lo suficiente”.

Pablo Jáuregui (PJ): Desde tu perspectiva como historiador, ¿cuáles han sido los hallazgos científicos más importantes en los últimos 15 años?

José Manuel Sánchez Ron (JS): Sin duda, proceden en general de las ciencias biomédicas. Vivimos inmersos en una revolución tecno-científica en cuyo epicentro está la Biomedicina, en general, y las ciencias biológico-moleculares en particular. Ahí destacan algunos hitos como la culminación del proyecto genoma humano, los avances asociados a la clonación (como la oveja “Dolly”) y el desarrollo imparable de técnicas basadas en células madres. Hay otro hito que me parece estremecedor: en 2010 Craig Venter, que participó de manera destacada del proyecto Genoma Humano, sintetizó químicamente el gen de algo muy parecido a una bacteria. Eso te indica la vida artificial, el futuro.

PJ: ¿Hasta dónde crees que puede llegar esta revolución biomédica?

 JS: El futuro vendrá dirigido en buena medida por todas las consecuencias de nuestras habilidades para conocer y para manipular. Estoy hablando del ADN recombinante, cortar, pegar, producir nuevos tipos de vida. Eso influirá en la dirección que tomará la evolución de toda la vida, incluyendo la nuestra, en direcciones que no puedo precisar. Ya sé que ha habido, hay y habrá discusiones acerca de la ética sobre cómo debemos manejar todos estos avances. Pero creo que al final, con el conocimiento, lo que se puede hacer, se hará, aunque eso tiene sus riesgos. Las terapias génicas permitirán que los niños burbuja puedan salir al mundo, no hay nada más maravilloso que eso; pero la manipulación, al dirigir nuestra descendencia, también puede producir desigualdades sociales, y obviamente eso no es bueno.

PJ: ¿Hay motivos para temer los abusos que podrían derivarse de este tipo de biotecnologías tan revolucionarias?

JS: Sí, hay razones para temerlo. Uno de los abusos posibles sería el de que contribuyesen a establecer “clases biológicas” privilegiadas, favorecidas, pero yo abrigo la esperanza de que esto no se produzca; iría contra la historia. La movilidad social desde hace tiempo es, recordemos, muy grande. Antes, si nacías siendo el hijo de un panadero, serías panadero probablemente; si nacías en una familia noble, tendrías unos privilegios. Tengo la esperanza de que esto no siga ocurriendo; no, al menos, que se vea favorecido por el avance científico. Además, está el hecho de que las tecnologías que favorecen mejores defensas contra enfermedades van abaratándose y son más accesibles. Ahora el coste de conocer tu genoma se acerca cada vez más a los mil dólares.

PJ: ¿Cuál es tu diagnóstico de la ciencia en la España de hoy?

JS: En la actualidad, la situación de la ciencia en España es mejor que hace 40 años, ¡faltaba más! Pero la cuestión no es esa, sino si la distancia relativa que nos separa de las naciones punteras líderes en avance científico y tecnológico ha disminuido o no. Yo creo que no ha disminuido lo suficiente.

PJ: ¿Qué se puede hacer para mejorar la situación?

La ciencia tiene que ver con élites. Y en la educación superior universitaria no se ha reforzado ese elitismo del conocimiento. La exigencia no ha sido, ni es, uno de los valores que se prima en la enseñanza universitaria actual. Hemos tenido unas generaciones mejor formadas en ciencia que cualquier generación en el pasado de nuestro país, y muchos de ellos se han tenido que ir fuera. Es la nueva emigración o fuga de cerebros. En este sentido, no soy muy optimista y de hecho me parece una situación terrible.

PJ: ¿Qué se puede hacer para que el español tenga mayor presencia en la comunicación de la ciencia?

JM: No hay ningún problema en ser bilingüe. La cuestión es tenerle respeto y cariño a tu lengua. Si lo tienes, a pesar de que te veas obligado a utilizar el inglés para defenderte en el mundo competitivo e internacionalizado de la investigación científica, lo puedes mostrar de muchas maneras: escribiendo, hablando y evitando horribles e innecesarios anglicismos (ejemplo: “voy a aplicar”, en lugar de “voy a solicitar”)
A mí me gusta recordar el caso de Santiago Ramón y Cajal, un grande absoluto de la ciencia. Hay unas cartas muy bonitas de Kölliker, en las que le dice a Ramón y Cajal que estudiaba español para leer sus artículos. Si tuviéramos, o hubiésemos tenido, más “Cajales”, el español se habría defendido mejor en el mundo de la ciencia y la tecnología.

 PJ: ¿Cuál sería tu sueño para la ciencia española?

JM: Me gustó cuando en los Juegos Olímpicos de Barcelona, Fermín Cacho ganó la medalla de oro en los 1.500 metros, la prueba reina. Me gustaría ver a un español, que trabaja en España, ganar el Premio Nobel de Física.

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