Cita con…

Miguel Beato

Fundador del Centro de Regulación Genómica de Barcelona

Premio Fundación Lilly de Investigación Biomédica Preclínica 2015

Después de 35 años de carrera en Alemania, Miguel Beato regresó a España en el 2001 para fundar y dirigir el Centro de Regulación Genómica (CRG) en Barcelona. Bajo su liderazgo, el CRG se ha convertido en uno de los centros de investigación biomédica más importantes de España. Después de haber gestado el CRG y haberlo ayudado a crecer como un padre se ocupa de un hijo hasta que puede vivir solo, Beato ha renunciado a los despachos y ha regresado adonde más le gusta: al laboratorio.

Entrevistado por: Josep Corbella

“No me gustaba ser director, lo hice porque había que hacerlo”

“Lo que más valoro en un investigador es la originalidad, el valor de atacar una pregunta básica que está abierta y ser una persona muy sólida y muy seria en lo que hace”

Josep Corbella (JC): ¿Qué te llevó a volver a España y a crear el CRG desde cero?

Miguel Beato (MB): Supongo que hay una inclinación hacia la aventura, pero también las condiciones en Alemania eran complicadas. Me acercaba a la edad de jubilación y no me sentía con ganas de jubilarme. Y en Alemania te jubilan, punto.

JC: Y aquí en España ¿eran buenas las condiciones?

MB: Hace años intenté volver a Madrid, cuando acababa de terminar la dictadura, y fue un desastre. Duró cuatro o cinco semanas y me volví. Luego intentamos hacer un instituto en Sevilla, cuando la Expo92 y tampoco funcionó porque al final los políticos se quedaron con todo el tinglado y nos echaron. Siempre quise usar la experiencia que adquirí en Alemania para hacer un instituto de investigación en España.

JC: ¿Qué echabas de menos de España?

MB: La luz, básicamente. Y un poco el ambiente mediterráneo. En Alemania estaba muy bien para trabajar. Pero, a medida que iba pasando el tiempo, yo me hacía cada vez más sensible a la lluvia, a la oscuridad, a la falta de luz. Venía a Barcelona o me iba a Sevilla y disfrutaba. Sin hacer nada, saliendo a la calle, disfrutaba. Fue eso básicamente.

JC: Como director fundador del CRG, fuiste responsable de seleccionar al personal investigador. ¿Qué buscas a la hora de contratar a un científico?

MB: Debe tener originalidad, el valor de atacar una pregunta básica que está abierta y ser una persona muy sólida y muy seria en lo que hace. Aplicamos el método EMBL, que es un centro de investigación de alto nivel con buenas infraestructuras, donde la gente va con un contrato de cinco más cuatro. Cinco años, al cuarto año se evalúa y se prorroga otros cuatro. Y aunque sea el mejor investigador del mundo se tiene que ir a los nueve años. Ese modelo mantiene el instituto joven. Es renovarse o morir.

JC: ¿Con esta política, no tienes la impresión de haber perdido investigadores extraordinarios?

MB: Yo creo que la palabra perder no es correcta, eso sería tener una visión muy egoísta. Con este mecanismo generas un vivero de científicos que luego van a otros sitios y crecen, y se hacen grandes árboles y diseminan la mentalidad del CRG, que es investigación básica de alta calidad, con ambición, original…

JC: Has tenido una trayectoria atípica. Estudiaste Medicina, empezaste a ejercer de ginecólogo y pasaste al mundo de la investigación. ¿Nunca echaste de menos el contacto con las pacientes?

MB: Solo los partos. A mí la ginecología no me gustaba tanto como la obstetricia. Acompañar a las mujeres dando a luz era una cosa fascinante ¡y me sigue encantando!

JC: Y cuando pasaste al lado de la investigación, ¿lo hiciste con una mentalidad de aplicación clínica?

MB: Al principio sí, ahora ya no. No creo que esa sea la aportación más importante que hacen los científicos. La aportación más importante es descubrir cómo funciona el organismo. Una vez que los mecanismos están descubiertos, las aplicaciones las puedes hacer tú o las puede hacer otro. Para la sociedad lo más importante es que hagamos investigación básica.

JC: Hablando de investigación básica, una vez terminas tu segundo mandato como director del CRG y de acuerdo a una norma que tú mismo impusiste, te echas a ti mismo como director. Hubieras podido jubilarte, tenías más de 70 años pero vuelves al laboratorio. ¿Qué te quedaba por hacer?

MB: Realmente a mí no me gustaba ser director, lo hice porque había que hacerlo. A mí lo que me gustaba era el laboratorio. Había acumulado muchas ganas de hacer investigación en ese periodo de diez años. Cuando terminé fue como quitarme una losa de encima y poder dedicarme realmente a lo que me gusta. Y lo estoy pasando muy bien, la verdad.

JC: Si volvieras a empezar tu carrera científica ¿en qué área trabajarías?

MB: La biología está en una fase fantástica, creo que es la mejor ciencia que hay ahora para investigar. Quizá lo que yo necesitaría sería mejor formación matemática y física, lo echo mucho de menos para trabajar como biólogo. La vida es algo tan increíble. Estoy leyendo un libro sobre arquitectura del genoma y hay un señor inglés que ha calculado la longitud del ADN que hay en la Tierra.

JC: ¿Cuánto sale?

MB: Diez elevado a treinta y cinco Kilómetros.

JC: ¿A dónde llegaríamos con eso?

MB: Es más que el diámetro del universo conocido y eso lo ha hecho una molécula del ADN que se replica, se replica, se replica, evoluciona y ha hecho diez elevado a treinta y cinco kilómetros de molécula. Es increíble. Una molécula simple, que son dos cadenas que se atraen, que es como el símbolo del eros, que se atraen pero no se quedan quietas, se separan, vuelven, se modifican, interaccionan. Y eso explica la vida, y no hay más. Toda la vida es eso prácticamente. Complementariedad, variación, replicación. Es algo fascinante.

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